La sola frase del título provoca gracia y, si no fuera por la triste realidad hasta serviría de chiste. Lo cierto es que sólo basta con salir a caminar por cualquier calle cubana y hablar con sus habitantes para darse cuenta del gran descrédito y rechazo popular con que cuenta el gobierno de Raúl Castro y los grandes deseos de cambio de los cubanos.
Lo cierto es que Cuba, a pesar de ser un país que ha firmado innumerables convenios y tratados internacionales incluso la Declaración Universal de los Derechos Humanos los viola reiteradamente y a sabiendas.
El gobierno de lo que se conoce como Castro-Socialismo se proclama paladín de los Derechos Humanos, pero para un cubano hablar de ellos y en su nombre exigir lo que por derecho nos corresponde es comenzar a ser tratado como parias o disidentes. En la filosofía gubernamental los derechos humanos se cumplen y deben cumplirse en el resto del mundo. En Cuba “tenemos una revolución y con eso basta y sobra”.
Un gobierno que naturalmente viola derechos humanos a sus ciudadanos en nombre de sus derechos como gobierno en lo que existe en Cuba. Un gobierno donde se predica la modestia y el ahorro, pero que practica todo lo contrario. Que somete a su pueblo casi a la miseria económica pagando en una moneda con escasísimo valor de uso pero manteniendo una moneda con valor de uso real apenas asequible para algunos. Un gobierno cuyos representantes, policías y militares viven como millonarios mientras la población civil carga el peso de la devastada economía nacional, un gobierno que se apoya en una crisis financiera internacional y en un bloqueo económico para someter al pueblo a carencias y estrecheces, pero que sigue gastando dinero y recursos en las fuerzas policiales para reprimir cualquier brote de descontento, un gobierno que habla “en nombre del pueblo” pero que en la práctica hace todo lo posible por silenciar la voz del pueblo, un gobierno que gobierna por decisión y provecho propio y no en nombre de la equidad no merece ser llamado Gobierno, sino Desgobierno y más que el epíteto merece dejar de existir.
Los cubanos deseamos el cambio. Muchos han huido a lo largo de 50 años y desde el exterior hacen lo posible, pero nadie gana una guerra sin estar presente… Otros se van sólo buscando mejoras económicas y las obtienen y olvidan la lucha interna. Algunos desde adentro se alían a quienes los abastecen económicamente y el gobierno los condena como espías. Los que no tienen pactos o no están aliados no tienen apoyo económico y su voz resulta casi inaudible, cuando comienza a escucharse el gobierno fabrica pruebas y juzga delitos abiertamente políticos como delitos comunes.
A los cubanos de dentro nos quedan pocos medios para luchar, pero la lucha aún es posible, nosotros los que deseamos el cambio somos más que ellos. Sólo nos queda demostrarlo con actos civiles y pacíficos como en Alemania Oriental poco antes de la caída del muro, como se demostraba en el resto de la Europa comunista…